Aunque no sea precisamente de esquí, comentamos la película que se ha estrenado hace muy poco y que nos narra la tragedia del Everest en mayo del 96. Tragedia que dio lugar a dos interesantísimos libros de gran venta y en los que se ha basado Baltasar Kormàkur, el director, para llevar al cine esta odisea.

En principio y sin entrar en matices, es una película que interesa a cualquier aficionado a la montaña y que merece ser vista. Sin ser ninguna maravilla del séptimo arte, es una peli que se deja ver, con buen ritmo y buena producción y muchos medios para su realización, su presupuesto fue de 65 millones de dólares. Es para verla en cine, si esperamos a verla en televisión, nos perderemos mucho, ya que los escenarios son majestuosos y, casi todas las escenas, están rodadas en el Everest. Los paisajes son de verdad y sólo en algunos planos más cortos se puede atisbar algún decorado de cartón piedra de peor factura o algún “falso” paisaje.

Para quien no le guste o no conozca el mundo del alpinismo en “ochomiles” la película le puede dejar bastante frío a pesar de que la tensión está muy bien mantenida y el ritmo no deja que nadie se aburra. Posiblemente las críticas de la película por alguien ajeno al mundo de la montaña sean negativas y, en general, el público puede esperar algo que no es. Pero los iniciados pueden pasar un buen y angustioso rato, sobre todo si hemos leído algo de lo mucho escrito sobre esta tragedia que marcó un hito en la historia del alpinismo o, mejor dicho, en la corta historia del alpinismo comercial.

Everest, como la mayoría de las películas basadas en libros, se queda muy corta en matices frente a la obra escrita, por ello es muy recomendable la lectura de Everest 1996 de Anatoli Bukreev y de Into Thin Air (también en película) de Jon Krakauer, traducida al español con el título Mal de Altura, ambas obras las podéis encontrar en la editorial Desnivel. Sus autores fueron protagonistas en aquella fatal ascensión y su visión, para muchos complementaria y para otros antagónica, nos cuenta los matices y factores que concurrieron para el fatal desenlace.

A quienes conocen el mundo de las grandes cimas, decir que desgraciadamente Everest tiene algunos fallos o licencias comunes en la mayoría de las películas de este género y que a muchos pueden resultar inadmisibles. Pero para ser justos, diremos que los fallos son pocos en comparación con otras películas que son un continuo dislate en lo referente a técnica alpinística, escenarios fuera de lugar y rigor deportivo. Si no queremos amargarnos la película a nosotros mismos hemos de pasar por alto detalles como confundir la falta de oxígeno con la falta de densidad del aire para que un helicóptero pueda sustentarse; un protagonista que asciende el Everest sin cubrebotas y con crampones sin “antizuecos”; anillos en los dedos de los alpinistas o unas máscaras de ventisca que están más tiempo en la frente que cubriendo los ojos de los actores o confundir Las Siete Cimas con los Catorce Ochomiles entre otros muchos detalles.

En fin, creo que merece la pena verla sin esperar demasiado y siendo condescendiente con algunos fallos. Eso sí, la “peli” se queda muy corta como testimonio respecto a los libros en los que se inspira, aunque merece la pena verla si nos gusta la montaña. Everest es una película más de alpinismo y ascensiones épicas, que no es de las peores pero tampoco la mejor. En este sentido, no puedo dejar de recomendar a todo el que le guste el cine relacionado con la montaña, la película Cinco días un verano (1982), del director Fred Zinnemann y con Sean Connery de protagonista. Un peliculón (para mí el mejor) tanto como película como historia de alpinismo, con una fidelidad extraordinaria a la técnica alpina de principios del XX, que cuenta sin aspavientos y poco presupuesto una historia humana, sencilla y repleta de alpinismo puro y duro.

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↓ Fotograma de Everest, casi en la cima.
↓ Fotograma de Everest, Bukreev en la cima.
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↓ Fotograma de Everest, en la tormenta.
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 ↓ Esto sí que es un peliculón de montaña.
 
 

ADVERTENCIA: los deportes de nieve entrañan riesgos, la montaña es un entorno cambiante y a veces peligroso. NIX advierte de la necesidad de practicar estos deportes con experiencia sobrada, conocimientos técnicos, material adecuado, técnica suficiente y acompañados de guías UIAGM o monitores de esquí/snowboard titulados.

 

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