Octubre 2017: tras una primavera corta, un verano que comenzó anticipadamente muy fuerte  y que aún no ha terminado, ni se espera que termine al menos hasta mitad o fin de mes (entre el 17 y 18 puede llover e incluso nevar en cimas). Sequía incluso en Galicia, sequía severa en muchas zonas de España y embalses secos (la media de agua embalsada ronda el 30%). En muchos lugares no ha caído una gota desde hace 4 meses y las temperaturas máximas rozan o superan los 30ºC desde mayo hasta la fecha (5 meses). Este escenario es el real en el que vivimos, el presente y no el futuro.

 

Sequías crónicas, veranos de 5 y 6 meses con temperaturas superiores a 30ºC  y períodos de más 40ºC *; primaveras y otoños que son anticipo o continuación del verano e inviernos suaves, en los que la nieve se reduce a las cimas de las montañas quedando como anecdóticas las nevadas en valles y mesetas. Esto no es el futuro del clima, esto es el presente. Si a alguien le quedaba alguna duda de que el calentamiento se ha desbocado que mire los registros o, simplemente que se fije en o que está pasando. El calor no se limita a zonas típicas de calor ni la sequía respeta a las zonas húmedas peninsulares. Estamos ya viviendo en presente y pasado en los escenarios sofocantes que se describían hace 10 y 15 años y que muchos considerábamos alarmistas.

CATÁSTROFE SILENCIOSA Y PAULATINA

Porque no hace falta que los tifones, huracanes, tormentas, calores extremos o sequías severas se produzcan de forma puntual y violenta para poder decir que el clima está cambiando. No hace falta que se produzcan fenómenos catastróficos llamativos para que el clima sea catastrófico. En estos momentos, si la tendencia al alza de temperaturas y a la baja en precipitaciones continúa en España, podemos asegurar que estamos en un escenario de cambio brutal en el que clima y biología ha cambiado y seguirá haciéndolo de forma dramática. El cambio paulatino pero constante ya es presente y pasado y las anomalías se suceden hasta casi hacernos olvidar que el clima que vivimos ahora no es el que conocíamos. El clima ha cambiado y sigue cambiando poco a poco de manera constante, palpable y evidente.

Las montañas son especialmente sensibles al cambio climático y el calentamiento se evidencia sobre todo en los meses de transición. La primavera y el otoño son estaciones donde a simple vista y desde lejos, se puede apreciar cómo se comporta el clima, cuando la nieve se va pronto en primavera y se retrasa en otoño es evidente que algo pasa. Durante el invierno es fácil que la nieve cubra las cimas y las diferencias sean más sutiles, habría que ir a ver los registros de temperatura, precipitación y acumulación para constatar cómo es un invierno; de igual manera el verano requiere ir a los registros de temperatura y precipitación para ver si es seco o húmedo, caliente o frío, excepto en las montañas donde hay neveros, donde su presencia o desaparición son un indicador infalible.

LAS MONTAÑAS

Por desgracia, 2017 para nuestras montañas ha sido y está siendo uno de los peores años, con un invierno corto, una primavera seca y corta y un verano que a estas alturas (15 de octubre) no ha dado paso al otoño y sigue dejando temperaturas de principios de septiembre tanto máximas como mínimas. Cada año parece peor que el anterior, pero este otoño de 2017 está superando cualquier expectativa pesimista. No llueve, no nieva y no llega el frío ni tan siquiera a las cumbres. En las cimas de cualquiera de nuestras cordilleras quitando unos pocos días fríos en septiembre, estamos teniendo registros en octubre iguales a un mes de agosto normal en cuanto a temperatura, si hablamos de agua o nieve, nada o casi nada.

Este otoño veraniego está causando estragos también en los Alpes, que soportan una sequía insólita y unas temperaturas anormalmente suaves. Aconsejamos ir a este artículo de la prestigiosa web Skipass, donde hace un pormenorizado estudio de la tendencia climática en los Alpes franceses que ven como sus glaciares se reducen año tras año y esto está afectando al esquí de fuera de temporada que cada año resulta más costoso y difícil en los glaciares alpinos. Por primera vez en su historia, la estación de Los 2Alpes no podrá abrir su glaciar ni su parte alta en el puente de Los Santos que siempre era el pistoletazo de salida de la temporada invernal. A continuación os mostramos algunas imágenes comparativas de la situación en los glaciares franceses.

 

* Ejemplos: en Córdoba y muchos otros sitios de Andalucía y Extremadura ha habido 37 días con temperatura máxima igual o superior a 40ºC entre junio y septiembre, cuando lo normal es que sean en torno a 15 días con esos registros. Anomalía que se ha mantenido en septiembre y octubre con muchos días por encima de 35º C. En Madrid los días de temperatura superior a 35ºC han superado a los días en que está permaneció entre 30 y 35ºC durante el verano. Y este otoño, ha habido casi 20 días con temperaturas máximas por encima de 28ºC.

 
↓ Imagen de la webcam de Les2Alpes a 13 de octubre en la base del glaciar.
↓ Impresionante comparativa del glaciar de La Serenne, cima de la estación de Alpe d´Huez en 1906 (izquierda) y 2016 (derecha).
Fuente Glacioclim Observation Service
↓ El mismo glaciar de Sarenne desde el Pic Blanc en Alpe d’Huez el 27 de agosto de 2012 y …
 ↓ …el 29 de agosto de 2017. Se estima que le quedan entre 2 y 5 años de existencia. (Fotos: Skipass.com)
 El glaciar Grand Motte, en Tignes, el 29 de agosto de 2010...
 ↓…y el 29 de agosto de 2017(Fotos: Skipass.com)
 

 

ADVERTENCIA: los deportes de nieve entrañan riesgos, la montaña es un entorno cambiante y a veces peligroso. NIX advierte de la necesidad de practicar estos deportes con experiencia sobrada, conocimientos técnicos, material adecuado, técnica suficiente y acompañados de guías UIAGM o monitores de esquí/snowboard titulados.

 

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