La palabra “tronco” nos evoca algo fuerte, recio, robusto, leal…Pero también, nos habla de los árboles que son buenos amigos para todo y cuyos troncos nos hablan,  nos miran y nos acompañan en los paseos por el bosque, la dehesa o la paramera, que aún medio pelada, siempre presenta algún arbusto para darnos sombra, cobijo y referencia.

 

En pleno verano y a falta de nieve, la naturaleza nos ofrece muchos motivos para disfrutar. Pasear por los bosques o por cualquier sitio donde encontramos algún árbol, aunque sea aislado, nos da la oportunidad de admirar su parte más recia y fuerte: el tronco. Visible ya que está la aire a diferencia de las raíces y permanente ya que a diferencia de algunas hojas no se cae. Troncos rectos, torcidos, retorcidos y, a veces, atormentados, con caras y formas, con personalidad, algunos mastodónticos y otros largos y delgados; oscuros, claros, de piel fina o con ásperas cortezas. Pero en cualquier caso, troncos que sujetan ramas y que surgen de la raíz y nos observan impasibles en nuestros paseos y nos hablan de todo lo que han visto y vivido a lo largo de su historia a veces centenaria. Troncos que merecen todo el respeto y admiración porque su veteranía así lo exige.

 

Pino silvestre en el Valle de Tena (Hesca). Ejemplar centenario cuyas ramas y tronco nos cuentan una historia centenaria de mil batallas contra los elementos.

Retorcido y recio tronco de sabina centenaria en las cercanías del nacimiento del río Abión (Soria). Que nos habla desde la experiencia de siglos.

Inmensos troncos de castaño en el Paseo de La Senda (Vitoria) que protegen y acompañan a otros seres más pequeños y zascandiles: los paseantes.

Troncos de píceas alineados y firmes en le paseo principal del parque Geromini en El Espinar (Segovia).

Troncos de duro roble del Guadarrama desnudos de hoja y cubiertos de líquenes dispuestos para resistir al invierno.

Tronco de encina con su tapiz de musgos y líquenes. Un mundo de seres vivos aferrados al gigante con quien comparten su vida inseparablemente.

Entre troncos de aspen en Colorado (USA).

Ojos en los troncos de aspen que todo lo miran (Park City, Utah).

Tronco muerto en las cercanías de Siete Picos (Guadarrama) que perdió su última batalla.

Inmenso tronco de un haya de hoja de helecho en los jardines de La Florida (Vitoria).

Troncos de olmos siberianos y abedules en un ambiente espectral en Niseko (Japón).

Troncos de pino albar en los bosques de Malagón (Guadarrama).

Troncos inflorescentes de senecio gigante en las laderas del Kilimanjaro (Tanzania).

Tronco de pino centenario que nos mira y nos habla con la sabiduría de los que han vivido mucho (Valle de Tena, Huesca).

 

ADVERTENCIA: los deportes de nieve entrañan riesgos, la montaña es un entorno cambiante y a veces peligroso. NIX advierte de la necesidad de practicar estos deportes con experiencia sobrada, conocimientos técnicos, material adecuado, técnica suficiente y acompañados de guías UIAGM o monitores de esquí/snowboard titulados.

 

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